Archivo para 29 agosto 2010

Realidad que parece cuento. Viajé el infierno.

    "Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos…" Mateo 10:16. Es así, como ovejas que caminan mansas hacia las fauces enajenadas de lobos hambrientos, que al parecer ha decidido comportarse un gran número de personas, sobre todo aquellas que son fieles seguidoras de cuanta religión milenaria o reciente hay sobre este remanso del absurdo que llamamos tierra. Hay quienes, sin remordimiento alguno, se aprovechan de la necesidad de creer en algo superior que en algún punto sentimos todos los seres humanos, (sí, todos, yo incluido) y nos venden paraísos a conveniencia e infiernos con lujo de detalles sin siquiera tener la certeza de la existencia de ninguno de los dos, o lo que es peor, muchas veces sin creer en ellos en realidad, tan solo por el afán de hacerse un hueco en el alma confundida de los fieles y adueñarse de a poco de su dinero, porque a fin de cuentas, si no es en manos de los "elegidos por Dios" para pastorear al rebaño, el dinero en poder de otros, es instrumento del mal.

    El párrafo anterior viene dado porque conmigo trabaja una mujer joven, cristiana evangélica para más señas, que hace tiempo viene intentando convencerme que su fe, creencia, o religión (ya no se como llamarla) es la única válida, la verdadera, la que me garantiza una asiento VIP en el paraíso si solo decido entregar mi conciencia y subastar mis valores, aceptando a su Salvador en mi corazón. Los que me conocen saben que respeto a todos por igual, que no critico las creencias de nadie, que no las comparto, pero tampoco las juzgo, que tengo mi propia versión del bien y del mal, del cielo y del infierno y que a quien llaman Dios yo decido no ponerle nombre, porque lo banalizo y porque caigo en el juego macabro de pertenecer a un sector determinado, sin poder ser bien recibido por otros de pensamiento diferente. No intento tampoco convencer a nadie que se una a la fe bajo la que fui bautizado (católica, por cierto), porque todos tenemos derecho a creer lo que queramos, o a no creer, que también es válido. Pero comencé a divagar y disertar sobre un tema harto delicado, lo que no era mi intención, me disculpo. Lo que quería era comentar lo que esta joven me dijo una mañana y que me sorprendió al punto de querer salir corriendo a esconderme debajo de algún sofá. Hacía poco había visto una película en la que una muchacha cuenta lo que vio durante su visita al infierno, sí, como se lee, esta niña de 18 años (edad que averigüé luego) murió, y al ir volando hacia el paraíso Dios la atajó y le preguntó: Pero ¿tu a donde vas?, al paraíso le respondió ella extasiada y el Señor le replicó: nada de eso, te voy a mostrar el infierno para que después de que te reviva, claro está, vayas y divulgues lo que viste y asustes a todos con tus descripciones. Y así sin más, la envió al averno, a donde mora el mismísimo Belcebú, en donde estuvo 23 minutos contados, tiempo tras el cual revivió y he ahí que comenzó a contar sus peripecias. La versión real no es así, es decir, la muchacha si murió y fue al infierno durante 23 minutos, es solo que hay que contarla con un tono más solemne, el mío es más, no sé, ¿irrespetuoso tal vez?, si lo es me disculpo de nuevo. O no. Sigamos pues.

    Tras escuchar la breve descripción que hizo mi compañera laboral, de una película que rozaba lo extravagante, decliné con amabilidad su ofrecimiento y seguí mi camino. El resto de la mañana transcurrió normal, lento, aunque con el tema de la peli retumbándome en la cabeza. Cerca de la hora de almuerzo me acerqué a la cocina a husmear sobre el menú del día, y ¡sorpresa! las dos jóvenes que cocinaban conversaban temerosas y persignándose sobre la misma película de la que había escuchado horas antes. Me sorprendí y me acerqué a ellas para averiguar un poco más. Lo mismo de hacía rato, una muchacha que murió y fue al infierno y lo contaba en una filmación supuestamente casera llevada a DVD. No resistí más y sin mediar palabra me fui directo a casa. Apenas entré saludé a mi esposa, le hice un breve resumen de lo que había escuchado, y sin más, me senté frente en la computadora para ver si internet me ayudaba a saber más sobre este tema de la niña hecha lázaro. En Google escribí "23 minutos en el infierno" porque era ese supuestamente el título de la dichosa filmación. Desfilaron un sinfín de resultados, pero a la cabeza de todos, y esto me llamó la atención, apareció el título de un libro. Abrí el vínculo señalado y en la página a la que fui redireccionado lo primero que se mostraba era la foto de un hombre de mediana edad, norteamericano, vendedor de bienes raíces, y que había escrito una obra literaria (perdonen los escritores que así la califique, aunque no la he leído) en la que narraba sus aventuras a través del infierno, al que llegó arrastrado por ángeles bajo las órdenes directas de Dios y que duraron eso, 23 minutos. ¿Coincidencia? No lo se. Leí un poco del resumen del libro, me aburrió y me salí de la página meditando acerca de lo que había encontrado. El incipiente escritor es, por cierto, cristiano evangélico, y ya debe haber salido su segundo libro sobre el mismo tema, aunque este es una especie de guía para aquellos que quieran saber más de lo que vio, escuchó y sintió en aquel lugar azufrado. Interesante me dije, pero no era lo que estaba buscando, ojee de nuevo los resultados de la búsqueda y llegué hasta Youtube, ahí estaba colgado (¿se dice así?) el tan cacareado video. Con prisa intenté abrir el vínculo, pero vaya, vaya, una iglesia evangélica se había hecho de los derechos de la peli, así que si quería verla, pues no me quedaba de otra que comprarla. Nuevo llamado de atención ante el tema. Me resigné a no poder comprobar por mi mismo de lo que hablaban las mujeres del trabajo. Me devolví a la página de búsqueda y encontré variaciones sobre el mismo tema, personas que mueren, se les muestra el infierno, y posteriormente reviven y cuentan sus travesías. Había una puertorriqueña, seis colombianos, dos ecuatorianas, tres salvadoreños, y un guatemalteco, todos tenían en común tres cosas: la primera era que habían tenido visiones apocalípticas desde el infierno al que llegaron tras morir, y que nos cuentan luego de revivir ¿?, la segunda es que todos pertenecen a diferentes ¿congregaciones? (perdonen, no se como llamarlas) de la misma iglesia y la tercera es que todos están lucrando con sus testimonios, si no ellos, al menos los pastores que les sirven de guía. Podría seguir hablando y dando ejemplos de esta epidemia religiosa que mata personas, las envía por el camino, en teoría al menos, equivocado, y luego las trae de vuelta a la vida. Eso sin contar a todos los que se creen Mesías y que vagan por ahí captando adeptos e intentando escribir nuevos evangelios.

    Ahora bien, el tema no es si creer o no creer en estos viajes al más allá con pasaje de ida y vuelta, el verdadero asunto radica en el manejo que se le da a este tipo de expresiones religiosas. Si tú vienes mañana y me dices que te secuestraron extraterrestres estando sentado en el inodoro, no tengo porque no creerte. Si tú mismo te lo crees, pues bien, que así sea. Yo creo que sin duda hay algo inmaterial que nos rodea, una fuerza más allá de nuestro entendimiento, si se le quiere llamar de alguna manera, bienvenido sea. Lo que no puedo aceptar es que en nombre de ese algo poderoso se pretenda influenciar hasta robarles la voluntad a aquellos que por necesidad o ignorancia acuden a las religiones organizadas buscando un camino que creen perdido, persiguiendo consuelo ante las vicisitudes, o tan solo intentando congraciarse con ellos mismos por la parte fea de su vida que les avergüenza. Además de todo lo señalado, es por demás indecente atacar al vecino de enfrente. ¿A qué me refiero? La adolescente a la que le mostraron el infierno (se llama Angélica, que oportuno), dijo haber visto en aquel lugar a varias figuras prominentes, entre ellos al Papa Juan Pablo II. ¿A qué suena eso? No soy defensor de los Papas, ni mucho menos, de hecho considero que son figuras netamente decorativas que atrasan a una religión que necesita renovarse con urgencia, amén de replantearse temas en los que están del todo desfasados. Pero de ahí a atacar de manera tan absurda y risible a un personaje tan influyente para más de mil millones de personas, hay mucha distancia. Que critiquen al Papa y al catolicismo en base a sus errores, vale, pero que demonicen a la competencia para captar seguidores es propaganda barata. Ojo, no pretendo atacar ninguna creencia en particular, es solo que los hechos son así, y no soy quien para cambiarlos. Otra figura que ardía en el infierno era Michael Jackson, y aquí sí que la cosa se pone surrealista, condenado a bailar por toda la eternidad. ¡Bueno, ahora sí esto ya es mucho! ¿Habrase visto mayor lugar común? Pregunto yo, John Holmes, el actor porno fallecido hace tiempo, ¿no estaba?, y si estaba, ¿lo habían condenado a qué? ¿Alguien adivina?

    No me quiero alargar en el tema porque llega la noche y me da miedo andar por ahí sin crucifijos ni ajos a la mano. No hay un solo camino a la salvación, o mejor aún, hay muchos, pero todos nos llevan al mismo lugar, así que porque no transitarlos juntos sin agredirnos ni menospreciarnos. Las religiones, y esto no es un secreto, son causantes de muchas guerras y persecuciones que han acabado con millones. ¿Vale la pena?

Ahora sí, ya para terminar, una pregunta: si muero y llegando al cielo Dios me detiene y me dice "te voy a mostrar el infierno" y luego, antes de revivirme me señala "ve y divulga lo que viste, difunde mi palabra" ¿está implícito que tengo que cobrar por llevar el mensaje, o debería ser gratis? Jesucristo, ¿cobraba entrada a los que querían escuchar sus predicas? Yo creo que no. Saludos y Paz.

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